Gobi fue sacado a una casa de acogida desde
una protectora de Cataluña porque, al parecer, tenía ataques
epilépticos, que nunca se han constatado a pesar de haberle
suprimido la medicación hace muchos meses. De vez en cuando
sufre una impotencia para caminar que le dura unos 5 minutos,
pero de la que se recupera sin ningún problema. Posiblemente se
trate de un pinzamiento en una vértebra que solo le moleste de
vez en cuando, parecido a una lumbalgia en humanos.
Al principio era
un perro poco socializado con sus compañeros y con los humanos,
pero esa etapa la ha superado con éxito y ahora lo único que
busca es un hogar en donde no tener que compartir mimos y
espacio con otro muchos.