ISIDRO

 

Isidro nació un día 15 de mayo y de ahí su nombre..... Fue un cachorrito gordo y rechoncho y lo siguió siendo durante toda su vida. Creció con sus hermanas bajo la atenta mirada de su dueña, que se desvivía por cuidarles y darles todo aquello de lo que carecían otros gatos menos afortunados que van por el mundo sin siquiera saber si comerán ese día o estarán vivos al día siguiente.

 

Tuvo, sin duda, una infancia y vida cómodas y sin angustias.   Pero es que además él era naturalmente alegre y feliz y contagiaba esa alegría y felicidad a quienes le rodeaban. A veces le miraba yo, plácidamente tendido sobre un cojín o mi cama, sus ojitos amarillos mirando a su alrededor con toda la calma y serenidad del mundo.  Y me preguntaba entonces… ¿cómo se las arregla para estar tan bien consigo mismo e irradiar esa serenidad de la que carecemos muchas veces los humanos?... ¿cómo logró esa sabiduría casi ancestral?... ¿cómo puede ser tan bondadoso?... ¿cómo puede ser tan insoportablemente exquisito?.... Y no tenía respuestas...... era así simplemente.

 

Su grupo familiar estaba compuesto por sus padres, hermanas y un sobrino que se incorporó posteriormente, después de ser rescatado de una muerte segura.  Bueno.... y yo, su enamorada dueña.  Como en toda familia, había desaveniencias y conflictos que, en el mundo de los gatos, se saldan generalmente en peleas con zarpazos, maullidos y gruñidos, y en las que el que pierde sale inevitablemente corriendo a todo dar porque perdió la batalla…., esa por lo menos.  El perdedor del momento suele refugiarse en mi regazo, esperando palabras de consuelo que intento dar, sin ser excesivamente severa con el vencedor de turno ni reirme demasiado ante sus ínfulas victoriosas.

 

Pero Isidro no era así...., él era siempre apacible y bonachón, nunca se peleó con nadie y parecía ser ese remansito de paz adonde llegan los corazones heridos... Era un gordo hermoso....,  una bolita negra de patitas blancas, con unos andares oscilantes producto de sus muchos kilos que me hacían sonreir.

 

La llegada del sobrino trastornó el ambiente familiar.  Fue recibido mal, es la verdad, y tuvo que sufrir algunos meses antes de ser aceptado por el grupo, excepto naturalmente Isidro, que lo acogió y recibió como al amigo más querido.  Es cierto que el sobrino lo incordiaba a veces, mordiéndole las orejas, patitas y rabo, lo que era resignadamente aceptado por Isidro.  Hasta que finalmente el sobrino entendió... y a partir de ese momento no se separaron, lamiéndose, abrazándose, comiendo, bebiendo y durmiendo juntos, apoyándose siempre y siempre disfrutando de su mutua compañía....

 

Es posible que la gordura de Isidro fuese la causa de los males renales que le aquejaron durante toda su vida.  Logró superar dos situaciones de emergencia, pero no la tercera.  A pesar de no emitir ni un solo quejido o lamento, me di perfecta cuenta de que no se encontraba bien y volé al veterinario para intentar salvarle.  Y decidir entre dejarle vivir unos días más, con sufrimiento y dolor para él, o decir "duérmelo", fue una decisión durísima que me rompió el corazón.

 

Ya está durmiendo ese gordo exquisito y descansa en un precioso lugar rodeado de amigos, gatos, perros y caballos…. ¡Sé que sólo era un gato!.... Pero me ha dejado, en su partida, una lección también preciosa.  Intentaré ver la vida con esa sabiduría, esa calmada paciencia y serenidad, ese saber estar y entenderlo todo..., como lo hacía él.  ¡Adiós gordito!....