Ahora hace un año que Gus llegó a casa. Berta ya llevaba conmigo cuatro, y cuando decidí traerle un amigo para que la hiciera compañía no pensé que la vida nos cambiaría tanto a las dos.

Llevábamos un tiempo solas y yo apenas salía de casa porque me daba pena dejarla constantemente sola entre el trabajo y lo demás. Así que decidí traerle un gato para que se hicieran amigos, y de paso para ver si se hacía mas sociable porque, no nos engañemos, es una gata muy suya, de pocos mimos y cariños.

Así que a través de la veterinaria contacté con Pérrikus y adopté a Gus, el gato-puma-perro-koala-mimosín; desde luego nuestra vida ha cambiado…

Al principio estábamos todos un poco escépticos, porque Gus no estaba acostumbrado a estar con personas y era poco sociable; yo pensé cuando me lo dijeron, que al tener dos gatos poco sociables lo mismo funcionaba como los polos opuestos, que se atraen, y así conseguiría compañía para Berta, dar casa a otro gatito y de paso mi tranquilidad de conciencia cuando salía de casa.

Gus tardó unos días en salir de la habitación dónde lo dejé cuando vino a casa; otros pocos en acercarse a menos de un metro de mi; y otro par en jugar conmigo, Berta y una cuerda, eso si, si se me ocurría acariciarle salía pitando a su escondrijo.

Pero al cabo de un tiempo estaba yo tumbada viendo la tele, y de repente una bolita de pelo negro con un rabo muy largo se tumbó a mi lado como quien no quiere la cosa y, a partir de ese día, sin yo saber cómo ni por qué, Gus decidió que yo le gustaba; y ahora, además de seguirme por toda la casa, en el momento en el que me siento, ahí está él, encima de mi, en verano o en invierno, haga calor o no, siempre tengo un gato encima.

Con Berta no fue como esperaba, sus relaciones son una mezcla de juego y pelea, pero bueno, relaciones son; creo que se hacen compañía a su manera, ella no está tan mimada como antes y aunque parece que ha cedido el reinado del territorio, de vez en cuando pone al pequeño en su sitio. Y por las tardes, a eso de las nueve, se produce un rifirrafe o pequeña escaramuza felina de la que cada vez sale uno vencedor, cosas de gatos.

Y yo, tengo las dos caras de tener gatos: el cariñoso hasta el empalago, y el independiente que cuando te quiere dar su cariño te llena como el del primero; están absolutamente complementados, y a mi me llenan de cariño y acompañan cada día.