Cuando fui a Pérrikus, el 6 de enero de 2005 no sabía más que quería un perro adulto. ¿Por qué un perro adulto? Porque a  los cachorritos hay que enseñarlos, y para hacerlo tienes que tener tiempo para estar con ellos. ´

No sabía exactamente que me iba a encontrar, como nos pasa a todos los “padres-madres  primerizos/as”.

Risco es, ahora, un bretón de 9 años recién cumplidos. Siete años cuando nos conocimos. Estaba triste, inmóvil en su jaula, mirando a los demás perros como si ese mundo no fuese su mundo. Y esa era la verdad. Risco, había sido un perro mimado por su dueño, educado y bondadoso con su dueño, estoy segura, como lo es ahora conmigo. Cargaba con esa historia que a nadie nos gusta cargar: una muerte de un ser querido. Cuando murió su dueño, alguien lo llevó a Pérrikus. Y allí pasó los siguientes 9 meses. Por más esfuerzos que hicieron sus cuidadoras/es, Risco seguía triste.

-No se integró con los demás perros. No se hizo amigo de otros  perros. Miraba. Así lo ví yo por primera vez. Observándonos.

Cuando Mercedes le enseñó la correa desde el otro lado de la valla, vino corriendo a nosotros. No preguntó como preguntan los perros, con esa mirada que llega al fondo de cada uno. No. Se subió al coche con al cabeza agachada, se hizo un ovillo sobre mi pié, temblando y -adivino - esperanzado, y no se movió hasta llegar a casa.

      

En casa se encontró con la  gata Bola, que era reina y señora del lugar. Y Risco, un perro de caza que sigue persiguiendo a los gatos en la calle, empezó a dormir a su lado al segundo día.

Era conmovedor oírle llorar por las noches mientras soñaba. A veces, los primeros meses, tenía que despertarlo y cuando lo hacía daba brincos y piruetas y se revolcaba patas arriba…a las 3 ó las 5 de la mañana. Quizá la interrupción del sueño propio resulte, cuando menos “estorboso”. Pero él era y es feliz y te lo hace saber constante y obsesivamente.

Durante el tiempo que tenía que ausentarme por mi trabajo, empezó a convivir ocasionalmente con Bruno, el perro de mi hermana, sin ningún problema. Y de golpe, al año siguiente, aumentó la familia gatuna, y se añadieron Andrés -una panterilla -- negra- y Jazmin - una persita abuelita-. Risco lo único que pedía era que no le molieran a pelotazos. Y cuando no lo conseguía yéndose de una esquina a otra, acudía a pedirme auxilio para que defendiera su hocico de las bolitas de papel de plata.

El 6 de febrero de este año, adoptamos a Pepa, una perrita asustada de 4 ó 5 años que adora a Risco y solo se relaciona con los humanos si está con él.

Se que yo no me imagino mi vida sin Risco. Es un ser noble, bondadoso, divertido, inteligente. Esta lleno de vida, de cariño, ¡¡¡¡ y los regala !!!!! Se que es feliz, y que rie como rien los perros, con todo su cuerpo, saltando como si bailara y corriendo como si no hubiera nada en el mundo mejor que vivir. Sigue mirando más allá de lo que un humano es capaz de mirar y ver, y en sus ojos uno se ve a si mismo mucho, infinitamente mejor de lo que nos vemos en cualquier espejo.

El mundo está lleno de seres como Risco. Seres hermosos y auténticos. Adultos, educados, vigilantes y sabios: Esa sabiduría que da conocer el valor que tiene la confianza en el otro. Y ser consecuente con ella.

Adoptar un perro adulto conlleva el sinsabor de que estará -presumiblemente- menos tiempo con nosotros, y que ya tiene su carácter formado.

Pero eso contiene solo briznas de verdad, la mayor parte de esas afirmaciones no es cierta. Por un lado, el perro adulto está dispuesto a aprender, y lo hace por amor, y el cachorro, también tiene su propio carácter, no siempre el que nos gustaría.

Y por otro,

Puede que nosotros tengamos que pasar un duelo si ellos mueren, Pero ellos, como Risco, también lo pueden padecer. Y solo hay una forma de conseguir que lo olviden: Queriéndolos.