Una vez más la irresponsabilidad de los humanos ha condenado
a estos pequeños a empezar su vida en un albergue y en el peor de los momentos,
cuando el frío es más intenso y sin siquiera tener la protección de su madre. A
pesar de ello, ajenos a la maldad humana, cuanto que nos ven acercarnos a su
jaula acuden corriendo a recibir caricias, abandonado el abrigo de su caseta en
la que se amontonan intentando darse calor los unos a los otros.
Serán perros de tamaño grande, aproximadamente como un labrador, ya que era la
raza de su madre, aunque los padres parecen ser de diferentes razas, desde
pastor a husky. Su carácter por ahora es inmejorable.